
Foto de Pedro Jesús Clavijo Domínguez
Alborotado vuelo de vencejos,
moribundo el sol, la tarde fría.
He venido a verte de tan lejos,
necesitaba tanto de tu compañía.
Los charcos de la calle son espejos,
la plaza con su cruz, casi vacía,
tu imagen en los viejos azulejos
consuela este dolor del alma mía.
La copa que de hiel estuvo llena
hasta la última gota fue bebida.
Cumplido tu destino y tu condena
me muestras, Señor, en cada herida
que sólo puede ser la Muerte Buena
si pusimos amor en nuestra vida.
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